Miércoles, 8 de Setiembre de 2010
ENTREVISTA  
 
“El ‘rating’ no se logra con violencia y morbo”
 
 


El diputado socialcristiano Luis Fishman propone una ley que regule los contenidos nocivos de la televisión. Por su naturaleza, se trata de un proyecto que no está exento de polémica, pues pone en una balanza el interés superior de la sociedad, realidades como el aumento de la criminalidad juvenil y aspectos no menos importantes como la libertad de expresión y de empresa.

Laura Ávila Chacón
lavila@elecocatolico.org

¿A qué motivaciones obedece su iniciativa de ley?
Los temas relacionados con la inseguridad y la violencia continúan siendo los de mayor interés y preocupación de la ciudadanía. Nuestra sociedad produce y reproduce permanentemente cuadros de violencia que se dan en el ámbito privado y en el ámbito público, que los medios de comunicación, particularmente la televisión, divulgan de manera prioritaria. En el caso de la población menor de edad, los productos que se difunden crean valores, visiones de las cosas y del mundo, estilos de relación con los demás, en muchos casos en términos no saludables, para definirlo genéricamente. Este no es un proyecto represivo ni persecutorio, es un proyecto positivo, protector de nuestros niños y adolescentes, y así espero que lo valore la ciudadanía.

¿En qué consiste la propuesta de crear franjas de contenidos?

La propuesta es muy simple y muy lógica. Si los programadores de televisión definen “públicos meta”, a quienes dirigen sus programas, entonces se justifica plenamente el que se regulen las horas en que se transmiten esos programas. Así, en horarios en que los niños y los adolescentes ven televisión, no deben transmitirse programas no aptos para ese sector de población, que incluyen las telenovelas. Puede decirse entonces que el proyecto presentado por mí está en sintonía con esa intención inicial de los canales de difundir programas dirigidos hacia “públicos metas” o segmentos específicos de la población. Tengo un interés superior por velar por la salud emocional, mental y espiritual de los niños y adolescentes de mi país, y por eso propongo que se respeten horarios en que este sector de población ve televisión, con programas aptos para su edad, y que los programas destinados a la población mayor de edad, se ubiquen en franjas horarias donde los menores no ven o no deben ver televisión. No creo que el “rating” se logre exclusivamente difundiendo programas fundamentados en violencia y contenidos morbosos, pero no estoy planteando ninguna prohibición sobre esos programas, salvo que se difundan en horarios adecuados.

En las telenovelas, ¿encuentra alguna relación entre el aumento de la criminalidad y los contenidos que transmiten? ¿Posee algún estudio científico que lo apoye?
Empecemos por decir que, de acuerdo a las programaciones que difunden diariamente los canales de televisión, aquí la última novela termina a las 12:30 de la noche, y la primera empieza a las 12:30 de la noche. Ese dato da un detalle muy significativo del panorama que estamos enfrentando. No conozco ningún estudio específico que ligue el aumento de la criminalidad con las telenovelas, pero sí es de sobra conocido, y basta con sentarse unos minutos frente al televisor para constatar que, en la inmensa mayoría de las novelas, la criminalidad, la violencia, la transmisión de antivalores, son los elementos predominantes en este tipo de programaciones. La última versión en este cuadro son las telenovelas que tienen como personajes principales a los capos del narcotráfico, su mundo, sus actividades, su vida rodeada de violencia, que por supuesto no significa un modelo a seguir por parte de nuestros niños y adolescentes. Sicólogos que han estudiado los efectos de la violencia en la televisión, especialistas en niñez y adolescencia, han encontrado que éstos pueden imitar la violencia que observan, identificarse con ciertos tipos, caracteres, víctimas o victimarios, tornarse inmunes al horror de la violencia o gradualmente aceptar la violencia como manera de resolver los problemas.

¿Cómo conciliar la libertad de expresión y de empresa, la responsabilidad del Estado y la propia tarea al interior de las familias en este tema?
En este proyecto no hay absolutamente nada que afecte la libertad de expresión ni la libertad de empresa. No se plantea clausurar programas. Es un proyecto que propone adecuar determinadas programaciones destinadas a público adulto, a horarios propios de los adultos. Quiero decir también que existe la mala costumbre de descargar en las madres y padres, sobre todo las primeras, la responsabilidad por los programas que ven sus hijos, y así se dice expresamente en los mensajes televisivos. Pero eso es injusto. La mayoría de madres y padres trabajan fuera del hogar, muchos menores de edad tienen televisión en sus habitaciones, se le está recargando a la madre y al padre, una responsabilidad que supera sus posibilidades reales, y que es fundamentalmente un deber de las instituciones públicas y de los propios dueños de las televisoras.

Ha conversado con las empresas televisivas acerca de este proyecto? ¿Qué ambiente siente que existe para su futuro en la corriente legislativa?
El proyecto fue debidamente presentado y se encuentra en la corriente legislativa, además ya está siendo objeto de debate público en diversos medios de opinión. Tanto de manera privada como pública, se han emitido criterios a favor y en contra del proyecto, incluyendo la opinión de empresarios de la comunicación. El proyecto propone medidas que pueden considerarse coercitivas, porque la realidad así lo exige, pero su propósito fundamental tiende a generar una conciencia en empresarios, madres y padres de familia, para que por la vía de la convicción no expongamos a nuestros hijos a programaciones que les resultan altamente lesivas.

 

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