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| ¿Cuántos sacerdotes hay en el mundo? |
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“Desde cuando yo puedo recordar, siempre he oído hablar y comentar de la vida de nuestros sacerdotes, y a veces con gran respeto y cariño, y otras veces, criticándoles con dureza, desconfianza, e inclusive con muestras de menosprecio y de mofa… Sin embargo, no recuerdo una época en que se hablara tanto de ellos, como actualmente. Ahora mi pregunta: ¿Cuántos son los sacerdotes católicos, y por qué se habla tanto y tan mal de ellos? Espero que mi pregunta no le moleste.”
María Araya P.
Cartago
En absoluto, sus preguntas lejos de molestar, son una oportunidad para ayudar a otros que puedan tener las mismas inquietudes.
El 11 de junio de este año, -solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús- se concluyó el Año Sacerdotal con una muy numerosa concentración de sacerdotes, allá en Roma, reunidos en torno al Santo Padre Benedicto XVI. Pues bien, en esa ocasión se informó al mundo que los sacerdotes católicos son unos 410.000 (se trata de una cifra que va variando cada día por las defunciones y las nuevas ordenaciones). Ellos están repartidos por los cinco continentes. Son “muchos” y son “muy pocos” para el compromiso que tiene la Iglesia hacia los que ya son bautizados -más de 1200 millones- y hacia el inmenso espacio humano al que Cristo envió a los suyos: “vayan por todo el mundo, y evangelicen” (Mt 28,18). Es por lo anterior que Cristo exhortó a sus discípulos diciéndoles “la mies es mucha pero los obreros son pocos; rueguen al dueño de la mies, para que envíe obreros a su mies” (Lc 10,2).
De mi parte veo normal que la gente hable de los sacerdotes: ellos son la parte más visible, más expuesta de la entera Iglesia, y además se presentan como custodios y responsables de la doctrina y de la moral que Cristo confió a su Iglesia, por lo que resulta lógico que nuestra gente ponga mucha atención al comportamiento de sus pastores… En una familia, los que están en la mirada de los hijos son ante todo los padres, y en la gran familia eclesiástica, a quienes llamamos y consideramos Padres, son los sacerdotes. Que actualmente se hable de ellos más que en otras épocas, se debe al menos a dos factores: el primero, la difusión y el alcance masivo de los medios de comunicación (nunca la humanidad tuvo tantos y tan eficaces a su disposición). El segundo es propio de algunos centros de poder, ideológicos y económicos, que ven en la Iglesia un freno a sus proyectos, y reaccionan persiguiéndola y lo hacen atacando con todos los medios a sus representantes, que son precisamente los obispos y presbíteros.
De entre tales medios, no cabe duda, de grande eficacia son la difamación, el desprestigio y el “magnificar” o engrandecer las posibles y reales fallas y caídas. Eso, obviamente, nos duele, pero -como lo ha repetido el Papa Benedicto XVI- más nos duele los “ataques” que nos vienen desde dentro de la Iglesia, y que son las infidelidades nuestras, de sacerdotes y de laicos.
Nos consuelan las palabras de Jesús: “ánimo, yo he vencido al mundo; yo estaré siempre con ustedes”.
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¿El alma es indestructible?
“Los Testigos de Jehová afirman que el alma humana no es inmortal, sino que puede ser exterminada y que morirá, y para ello citan Hechos de los Apóstoles 3,23 y al profeta Ezequiel 18,4. A mí me enseñaron que el alma es indestructible y que no importa la condición de justo o pecador. ¿Me puede comentar este punto?”.
José Luis Mora V.
Heredia
No es la primera vez que frente a propuestas de los Testigos de Jehová me pregunto “sorprendido”: ¿qué intenciones tienen en dar como ciertas, afirmaciones tan extrañas? ¿Estarán realmente convencidos de lo que afirman y difunden? Por razones de estudio, tuve que acercarme repetidamente a este grupo religioso, y siempre me ha sorprendido su atrevimiento en afirmar algo, para al tiempo, decir lo contrario o intentar adaptarlo cayendo en situaciones embarazosas, o en ofrecer extrañas interpretaciones de la Biblia, citando versículos fuera de todo contexto, e inclusive cambiando el mismo texto. Le doy algún ejemplo: antes de 1975 afirmaban que para ese año se hubiese dado el fin del mundo y que Cristo hubiese vuelto. En otro momento parecían afirmar que Jesús es San Miguel Arcángel, para finalmente cambiar el texto del Evangelio según San Juan, en que siempre los cristianos hemos leído: “y el Verbo (o Palabra) era Dios”, para traducir (mejor dicho “traicionar”) “y el verbo era un dios” … De este modo niegan la divinidad de Jesús y los Testigos de Jehová ya no son considerados cristianos, ni de parte nuestra, los católicos, ni de parte de las demás confesiones protestantes o evangélicas.
Entre las afirmaciones “extrañas” y en abierto contraste con la palabra de Dios, está lo que usted, Don José Luis, me comenta. Según ellos, las almas de los “malos” serán destruidas, citando para esto textos que se refieren a temas que nada tienen que ver con lo que se atreven a afirmar. En efecto, el texto citado en Hechos 3,23, afirma que los que no aceptaran al Mesías profetizado, serían excluidos del Pueblo; no se refiere en absoluto al tema de la inmortalidad. Y el texto de Ezequiel 18,4, tampoco se refiere a nuestro tema, sino que quiere enfatizar la responsabilidad personal del que peca. En cuanto a la inmortalidad del alma, independientemente de que sea la de un justo o la de un pecador, baste recordar el texto del juicio final según el Evangelio de San Mateo 25,31-46: “A los justos, Cristo les dirá: “vengan benditos de mi Padre (…) y a los injustos: apártense de mí, al fuego eterno (…) e irán estos a un castigo eterno, y los justos a la vida eterna”
El texto y el contexto, no admiten “escapatoria”: sencillamente se refieren a la vida inmortal que nos espera, de bienaventuranza eterna o de desdicha eterna.
Don José Luis, pidamos para que nadie caiga en las confusiones propuestas por los Testigos de Jehová. No juzgamos a ninguno de ellos, puede ser que sean mejores que nosotros, pero sus propuestas doctrinales son realmente muy extrañas y contradictorias.
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Eco Católico - una visión cristiana del mundo
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